Reparación de las
estructuras dañadas, asegurando que los edificios sean seguros. Esto puede
incluir la reparación de grietas, refuerzo de cimientos y la mejora de la
estabilidad general del edificio. Reemplazo de pisos, techos, puertas y
ventanas deterioradas. Modernización de sistemas eléctricos, de fontanería
y calefacción para que cumplan con las normativas actuales de eficiencia
energética y seguridad.